CAPÍTULO 2

ALGUNOS DE LOS ÉXITOS
DEL CURSO PSYTECH

 

Michel era un joven agente comercial. Vendía automóviles alemanes en toda Europa cuando se produjo una fusión de su empresa con una sociedad francesa.

Llegaron los días malos, se preparaba una reducción del personal y la dirección, preocupada antes que nada por salvar su propia cabeza de la hecatombe, informó oficialmente que solamente los ocho representantes de mejor rendimiento permanecerían en la empresa, mientras que los otros veintisiete serían despedidos.

Algunos empleados, absolutamente convencidos de que formaban parte de los veintisiete que serían despedidos, en lugar de intentar pasar al grupo de los ocho primeros, prefirieron ir a consultar a sus abogados y al sindicato para informarse de cómo explotar al máximo la situación en un juicio laboral.

Michel no estaba de acuerdo. Se había endeudado para comprar una linda casa en la que vivía con su esposa, embarazada de cuatro meses. No había pagado más que la mitad de su automóvil y para él era vital continuar trabajando en el mismo empleo.

Vino a verme por sugerencia de un médico, amigo común.

Yo le propuse un entrenamiento intensivo de una semana.

Comenzamos por hacerle trabajar FUEGO KUNDALINI-PSYTECH 6; su energía y su dinamismo se volvieron extraordinarios. Podía dormir menos, pasaba sus tardes telefoneando a diferentes clientes potenciales que se le había indicado. Temprano por la mañana, se dirigía a lugares muy alejados de su departamento, a más de 200 kilómetros, lugares que él nunca había explotado para aumentar su clientela. Desplegaba más actividad que tres vendedores. Era infatigable, comía frugalmente un sandwich mientras manejaba. El mismo se asombraba de poder trabajar más de catorce horas sin cansancio y regresar a casa, por la noche, sonriente en lugar de agotado.

Habitualmente volvía del trabajo al cabo de ocho horas deseando solamente mirar televisión y cenar con su esposa.

Para aumentar su facilidad de comunicación con los clientes, practicaba también la técnica CHAKRA DEL CORAZÓN - PSYTECH 10.

Las personas que lo recibían experimentaban un sentimiento de simpatía espontánea por ese joven tan dinámico.

Sin pensarlas ni prepararlas, su voz pronunciaba las frases idóneas que hacían que se lo considerara un hombre de confianza y, sin que nunca sus clientes pudieran saber el porqué, ellos le compraban a él preferentemente más que a un vendedor de la competencia, y la mayoría firmaba la nota de pedido.

Michel procedía con mucha ética; nunca prometía un plazo imposible o una eventual reducción de precio si su empresa no lo autorizaba previamente. Al desaconsejar la compra a ciertos clientes que notoriamente necesitaban un modelo más práctico y menos lujoso, Michel se volvió aún más apreciado. Los mismos clientes, conmovidos por su sinceridad, lo enviaban espontáneamente a visitar amigos o parientes, a quienes lo recomendaban. Casi siempre, cada vez que desaconsejaba dos ventas, lograba hacer una tercera, inesperada, entre los amigos de las personas visitadas.

Tal como usted ya lo presiente, en menos de tres meses, Michel se ubicó no en el grupo de los ocho primeros, sino entre los tres primeros de su empresa.

Un año después, supe que le fue confiado un puesto como responsable de la formación de equipos de venta y que era padre de una sonriente y encantadora niña.

El desarrollo que le produjo el chakra del corazón le aportó equilibio familiar, permitiendo que su niña creciera en armonía perfecta, como una joven planta bañada de amor.

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Jeanine, todos la conocemos, nunca apareció en la pantalla de la televisión, no canta, no es actriz ni autora célebre, es solamente nuestra eterna vecina, sola y sin hijos, o bien nuestra tía, siempre cansada, que se pelea todas las semanas con sus hermanas, esa eterna enferma que busca desesperadamente al médico que le confirmará su enfermedad imaginaria. Ella no es mala ni gentil, ni rica ni pobre y se maquilla por costumbre, pero sin coquetería. Un pliege agrio en las comisuras de sus labios denuncia su carácter amargado, pero su corazón no es duro y sería la primera en ir a cocinar si usted estuviera enfermo y debiera cuidar un bebé recién nacido.

Jeanina era hipocondríaca como consecuencia de su inactividad. Todos los exámenes médicos coincidían: no estaba enferma. Psicológicamente tampoco padecía anomalías... su problema era el vacío.

Una vida sin pareja estable, sin niños a quien amar. Una mediocre vida intelectual en la que nunca los libros de ciencia o de filosofía lograron reemplazar a las novelas de amor o a la televisión en sus emisiones más insípidas.

Cuando vino a verme me sentí un poco preocupado. Ella no se encontraba en situación de tener que atravesar ninguna crisis grave y su vida no parecía necesitar ninguna asistencia urgente.

La hice trabajar con las experiencias 7 a 14, es decir, la

lista de chakras sucesivamente encadenados.

Esta lista de las 7 experiencias tiene la extraña virtud de producir la evolución de la totalidad de los mecanismos energéticos de modo simultáneo, pero de manera tal que aún imprevisible, su resultado será siempre positivo, porque respetará lo que debería ser la evolución espiritual normal de la persona. Se diría que todo aquello que es deficiente se reequilibra. Por ejemplo, si la persona tiene una tendencia a la ansiedad, ésta desaparece, pero si la persona es tan dinámica y desorganizada al punto que se pudiera hablar de histeria, ésta se calma y se ve conducida a una vida normal. En el plano intelectual, los deseos evolucionan. El deseo de comprender, de descubrir, se despiertan. Si la persona experimenta inquietudes místicas, verá más claramente las respuestas o encontrará accidentalmente gente que calma o resuelve sus inquietudes.

En resumen, la práctica de estas 7 experiencias produce un efecto de estabilización (y nunca lo contrario) permitiendo la eclosión de toda personalidad encerrada en su caparazón. Todos sabemos que no hay una edad precisa para la evolución.

Tres meses después de la visita, ested no hubiese reconocido a mi alumna. Vino a agradecerme ofreciéndome un carnet de miembro honorario de una asociación que acababa de crear. Ella sola animaba a un grupo de mujeres que se encontraban en su misma situación.

Estaba a punto de crear un servicio telefónico que pensaba denominar «¡sonría por favor!». Recibí regularmente el pequeño diario, que leía con mucha atención, y no porque tuviera deseos de aprender a tejer o de saber preparar alguna «pastafrola»; mi propio horno de microondas hubiera sufrido una crisis de carcajadas al verme batir claras a punto nieve..., sino que el tono general, el dinamismo de la pequeña revista continuaba informándome del efecto de las técnicas de PSYTECH en Jeanine.

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Una joven de 32 años, entró en mi consultorio una triste noche de invierno, y parecía transportar con ella una carretilla llena de depresión.

Normalmente vestida, un rostro maquillado normalmente, un lenguaje normal. Todo parecía demasiado normal como para no ocultar un problema.

Formulé las preguntas tradicionales; ella era abogada de una empresa, su patrón no estaba enamorado de ella ni ella de su patrón.

De hecho, en poco tiempo apareció el problema eterno de todo ser humano: el amor y la sexualidad. Eleonore, tal era su nombre, tenía algunas aventuras que le daban, cada vez más, una mayor sensación de vacío que la anterior.

Un día estuvo a punto de ser atraída por el alcohol; era tan

Un día estuvo a punto de ser atraída por el alcohol; era tan agradable regresar a su casa, esa casa vacía, con la cabeza en las brumas de un cóctel. Revisó su actitud en menos de una semana, cuando advirtió el peligro de la costumbre... tomó conciencia de que prontamente se iba a llamar alcohólica si continuaba así.

Evidentemente, no había en esta joven ningún defecto físico ni mental que justificara un complejo de inferioridad o que explicara por qué la mayor parte de los hombres parecía no verla.

Alguien con un nivel cultural menos elevado habría pensado en pedirme un filtro de amor o una técnica cualquiera para hacer caer a todos los hombres en sus redes.

Ella me evitó una negativa amable y ese minuto de ironía, que siempre estoy obligado a inflingir cuando aparecen pedidos tan absurdos.

Su cultura le permitió comprender enseguida que es muy peligroso agredir la facultad de libre albedrío de una persona, no importa cuál. El inconsciente de esa persona no debe ser víctima de tal agresión y revertiría la situación con sufrimiento garantizado hacia quien intentó encadenarla.

Eleonore recibió la práctica de dos técnicas. Con PSYTECH 8 comenzó a desarrollar un magnetismo sexual que, sin haber previamente modificado nada en su maquillaje ni en su indumentaria, comenzó a volverla «sexy», atrayendo cada vez más los deseos masculinos.

Eleonore no estaba en la búsqueda de un compañero transitorio sino más bien de un príncipe encantado.

Discutimos durante mucho tiempo sobre «el príncipe encantado».

Toda mujer, cuando enumera la lista de las virtudes que espera de su futuro esposo, termina por comprender que tal hombre no existe y que sería necesario inventarlo. Por consiguiente, vale más hacer la lista de los defectos que uno está dispuesto a soportar en el otro.

Su futuro príncipe encantado debía, pues, ser aceptable físicamente (¿quién puede definir qué quiere decir «aceptable físicamente»?), no superiormente inteligente pero lo suficiente como para amar la lectura (Eleonore leía un libro por día desde hacía 20 años), etc...

A medida que describía a su hombre ideal, lograba visualizarlo.

Por fin, le enseñé la técnica PSYTECH 10 e inmediatamente después le pedí que practicara la técnica (APERTURA DE PUERTAS) visualizando a ese hombre ideal y a ella, reunidos por una especie de cuerda plateada que partía de su chakra del corazón hasta el corazón de su futuro marido.

No me sorprendí al recibir la invitación a su boda, en menos de seis meses.

Presenté mis disculpas por no tener la posibilidad de responder a la invitación, pero le pedí conocer al cónyugue una vez que la luna de miel hubiese finalizado.

Recibí a una pareja muy enamorada. A una Eleonore transformada, con su rostro radiante de bienestar, y a un hombre interesante, que no se parecía en nada a la visualización que había hecho Eleonore.

Esto me demostró que las energías que ponemos en marcha (tales como PSYTECH 16), no obedecen necesariamente a nuestros deseos conscientes, que son la expresión de aspectos superficiales de nuestro ser, sino que atienden nuestras necesidades inconscientes, que son las únicas verdaderas e importantes para nuestra vida.

Esta búsqueda no solo creó una pareja unida y armoniosa sino además transformó de una manera increíble a mi joven abogada. Cambió de empleo, adquirió ambición y comenzó a litigar en asuntos interesantes antes que se cumplieran dos años de su tratamiento.

Yo estaba sorprendido al comprobar hasta qué punto la evolución profesional de una persona puede depender de su estabilidad afectiva y de su satisfacción sexual. A menudo el problema que nosotros creemos conocer tiene su origen muy alejado de lo que suponemos.

Es por eso que aconsejo comúnmente trabajar con las experiencias 6 a 13, (todos los chakras encadenados).

Esto permite un reequilibrio inmediato de nuestras funciones mentales y energéticas y parece solucionar varios tipos y niveles de problemas al mismo tiempo, inclusive si la interpretación de sus orígenes es difícil de identificar. Y esta observación me permite emitir dos opiniones más que tal vez serán útiles al lector: primero, el problema nuestro, no está nunca donde creemos; segundo: el tratamiento que efectuaba necesitaba ya un tratamiento holístico, armonizando el cuerpo, la mente y el espíritu de mi paciente, alrededor de la bioenergía reorganizada del mismo. La primera consecuencia me obligó ulteriormente a considerar una consulta como una pesquisa en lo invisible interno y externo de mi paciente. La segunda, me llevó a un largo recorrido que muchos libros fueron insuficientes todavía en describir. El hombre holístico existe en nosotros... debemos aprender a descubrir su huella. Él constituye el eslabón faltante entre el hombre dormido que somos y el superhombre que duerme en nosotros.

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Quien acababa de entrar a mi consultorio era una famosa cantante. Había solicitado una cita muy discreta y yo le había pedido al personal que se ausentara durante media jornada con el fin de que ella pudiera ser recibida de incógnito.

Descubrí a una mujer agradable, completamente en contradicción con la mujer que la televisión había hecho célebre. Me contó que el drama de su profesión (que no nombró ni arte ni sacerdocio) consistía en que la vida privada no podía existir.

Un simple beso amigable se convertía en un escándalo resonante. El encuentro con un personaje drogado, una cuestión de Estado. Unas pequeñas vacaciones en Las Canarias podían ser analizadas por el agente fiscal como una vergonzosa evasión de impuestos, y a la más mínima enfermedad benigna, los periodistas urgaban su pasado y la guardaban preparada para su entierro audiovisual.

Descubrí el fondo de su problema cuando me dijo que la prensa la perseguía tanto que comenzó a tener miedo. Cuando entraba en escena sabía que su conducta iba a ser la habitual desde que comenzara a cantar, pero la tortura que vivía en las horas previas no podía denominarse más «trac» (ansiedad) solamente, sino realmente miedo.

Sentía que ya no podía expresar sus emociones tan libremente como durante los años anteriores, por temor a una falsa nota, por miedo a que la prensa se precipitara anunciando que su carrera estaba en camino a declinar.

En pocas palabras, esta mujer tan conocida, en cuya mano todos los elementos de la felicidad estaban reunidos, sufría, a su manera, un martirio. Un estrés que envenenaba su felicidad y que comenzaba a atacarla en su arte.

Después de una larga reflexión, decidí hacerle practicar dos ejercicios: PSYTECH 19- LAGO Y CASCADA para eliminar el estrés, y sobre todo PSYTECH 11 - CHAKRA DE LA GARGANTA para otorgar el máximo desarrollo de fuerza y seguridad a su expresión emocional cuando cantaba.

Me resultó difícil explicarle que no podríamos suprimir la totalidad de su «trac», ya que hay una porción de emociones de angustia ligada necesariamente a la expresión artística. Esa tensión emocional pone en movimiento todos los mecanismos de la interpretación y llega a inyectar una fuerza dramática y un carisma que la diferenciaba de otros artistas. Las bases de su fama estaban en parte asentadas en esta tensión emocional dolorosa.

No experimenté ninguna especie de orgullo, sino más bien mucho placer por ella cuando me invitó a su recital en la más importante sala parisiense. Había transcurrido un mes y sentía curiosidad por ver el resultado de esas dos técnicas de PSYTECH.

Altiva, ella entró en escena, segura de sí misma, pero con la seguridad de un artista «consumado», un verdadero profesional que se dispone a recoger lo que ha sembrado con su trabajo.

Su demostración de canto fué maravillosa. Jugó con las emociones del público como un malabarista lo hace con unas pelotas. Nos condujo a la cima del ensueño y no pocas espectadoras lloraron en el curso de sus canciones de amor y de adiós.

Los llamados a escena que le hizo una sala electrizada, de pie, aplaudiendo durante muchos minutos para reclamar otra canción, fueron lo suficientemente elocuentes como para hacerme verificar el éxito de PSYTECH.....

Numerosos hombres políticos y actores me fueron recomendados por ella y confieso que los mejores actores no eran siempre aquéllos que llevan el título de tal.

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«Profesor, -me dice un joven-, siempre he vivido mal; de niño, de adolescente, nunca logré lo que me había propuesto.

La única cosa que logré fue casarme con la chica que amaba. Por ella, debo ahora aprender a conseguir lo que me proponga. ¿Qué debo hacer?».

No es escaso este tipo de preguntas; no solamente se la ha planteado cada uno de nosotros en algún momento, sino que es exactamente el problema esencial que empuja a los jóvenes hacia la búsqueda de los medios energéticos.

Yo le explicaba a mi paciente que, como ciertos constructores de una determinada época, él debía tener una cuchara de albañil en una mano y una espada en la otra.

El cucharín para construir su vida, su situación profesional y el éxito total de su pareja. Y la espada porque vivimos en una sociedad agresiva, en la que la envidia viene a continuación de la admiración y el odio florece sobre el éxito de los demás.

Le enseñé una sola técnica para tener éxito, aunque muchas de PSYTECH habrían sido igualmente válidas. Me pareció que ese joven no tenía ningún impedimento que le imposibilitara tener éxito, sino sólo un poco de falta de voluntad. La práctica cotidiana de PSYTECH 14 - CHAKRA DE LA FRENTE debía, en pocos meses, otorgarle una voluntad excepcional, que le permitiría resistir a todos los obstáculos de la vida.

La enseñanza de PSYTECH 15 - FUEGO Y AGUA le permitió sanearse cotidianamente y la práctica de CÍRCULOS DE PROTECCIÓN le posibilitó proteger a su familia.

No he vuelto a verlo, pero un año después, su esposa vino a verme para hacerme conocer al bebé y agradecerme por el cambio extraordinario de su marido. Ella le aportaba toda la fuerza de su amor y el bebé era la prueba de su hermosa unión. Mi alumno triunfaba en una empresa en la cual, por su tenacidad, se le había conferido un puesto como jefe de ventas. Un aumento de salario permitió a la joven pareja comprarse la casa en la cual soñaban vivir desde que eran adolescentes (se habían conocido en el mismo pueblo a la edad de 14 años cuando el padre de la chica había sido designado como maestro de ese lugar alejado del país. Un lindo acento provinciano me hizo sonreír de placer al escuchar hablar a esa joven resplandeciente de felicidad).

Reflexioné durante mucho tiempo, siempre fascinado al descubrir hasta qué punto sufrimos por una pequeña insignificancia y como un simple recitado de sonidos puede cambiar nuestra vida en pocos meses.

Estamos habituados a la búsqueda de métodos complicados, a aparatos raros, a productos caros, cuando en realidad la energía es gratuita y las técnicas mentales reemplazan a los más complicados aparatos.

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Manuel tenía 52 años y vino a verme, era sacerdote, enviado por su hermano empresario.

Yo, que no soy médico ni sacerdote, debí escuchar una triste confesión.

Después de muchos años de autoanálisis, este hombre debió reconocer que había elegido la religión por una decepción amorosa y no por vocación.

Oficiaba misa, pero no sentía palpitar la fe en él. Escuchaba a las personas cuando confesaban un muestrario de miserias humanas, y se sentía en la posición insoportable de un ciego que conduce a otros ciegos.

Torturado por sus remordimientos, su certeza de no poseer el carisma necesario para brindar la extremaunción a un difunto, o sermonear a los fieles, se preguntaba si debía abandonar el sacerdocio para emprender una carrera técnica.

Yo me sentí muy confundido ante este personaje; son numerosos los albañiles o plomeros que practican su oficio como un sacerdocio y comunes los curas que consideran a su oficio ni más ni menos que como una profesión.

Le dije a Manuel que no me sentía con ningún derecho a aconsejar a un hombre en crisis con su conciencia en relación a Dios.

Decidí enseñarle la técnica PSYTECH 13, explicándole que ese chakra se relaciona con los problemas místicos. Lo completé con la técnica EL FUEGO EN EL CORONARIO - PSYTECH 27 con el fin de sanear al máximo el ingreso energético de ese importante centro. Esperaba yo de ese trabajo que el propio inconsciente o el espíritu de ese sacerdote honesto, decidiera qué debía hacer. Si la práctica de ese chakra no producía ninguna consecuencia, probablemente Manuel abandonaría la religión, por una cuestión de honestidad moral.

Seis meses después, decidí, sin consultarlo, asistir a la misa que oficiaba en una iglesia de la campaña.

Vi a un hombre transfigurado. Cada palabra que decía, provenía de más lejos que del fondo de su corazón. Advertí un movimiento de fe entre los fieles y una atmósfera de armonía característica de «algo que sucede en otras dimensiones».

Partí de allí feliz y en paz por haber respetado completamente un libre albedrío y por

no haber contrariado en nada a un mecanismo cuya comprensión está más allá de todos los hombres, pero que seguramente... tenía origen y una consecuencia energética...

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Sergio era un psicoanalista de la escuela de Lacan. Un hombre extraño que parecía comprender todo sobre el ser humano, y tener una explicación para cada incidente que pudiera aparecer en una pareja, una relación amistosa o una disputa entre padres e hijos.

El único inconveniente era que las teorías aprendidas no parecían poder ser aplicadas a él. Las rencillas con su esposa eran inexplicables, su influencia sobre los niños, nula, e inclusive el perro parecía reír discretamente de él cuando intentaba explicar a sus hijos por que no se deben poner en el talco de la abuela polvo para producir cosquillas.

La vida de Sergio estaba signada por altibajos de energía totalmente inexplicables. Atravesaba por momentos de energía nula durante los cuales él no pensaba siquiera en comer, beber o mirar televisión; solamente deseaba dormir y reposar, como si su cuerpo estuviera destruído por la fatiga. Esos momentos coincidían visiblemente con los tres días en los que recibía a sus pacientes, y su abatimiento psíquico parecía más o menos fuerte según los pacientes que debía atender; algunos enfermos, gravemente deprimidos, lo empujaban visiblemente al interior de un pozo sin fondo. Por otra parte, debido a su conciencia profesional, no podía rehusarse a continuar atendiendo pacientes de los cuales se ocupaba desde hacía años.

Sergio parecía actuar como un papel secante, que absorbe energías de estrés, de depresión y de ansiedad bajo todas sus formas.

Su cuerpo energético necesitaba cada vez un tiempo mayor para poder compensar, sanear y volver a almacenar energías faltantes.

La principal solución que le propuse, fue una limpieza profunda de las energías, que él tendría que practicar cada noche, y dos veces por día cuando recibiera a sus pacientes (PSYTECH 15).

Extraño para un psicoanalista, pero Sergio se impresionó mucho por esta técnica durante la cual, después de una lluvia imaginaria, la persona debe tener la sensación de que el cuerpo se quema progresivamente desde el interior hasta quedar convertido en cenizas.

El primer día tuvo ciertas dificultades para visualizar claramente ese incendio que quemaba imaginariamente sus carnes hasta convertirlo en esqueleto. Se fue a dormir como un bebé, confesó durante su segunda visita de evaluación de resultados.

Al término de cada ejercicio, sentía que su cuerpo se colmaba nuevamente de energías limpias, como si esa intensa visualización le hubiese dejado un vacío energético que la naturaleza se apresuraba a llenar.

Sergio pasó a formar parte de los numerosos practicantes que me enviaban casos que dependían notoriamente de una deficiencia energética.

Se transformó en un psicoanalista sonriente y acogedor, que iba a su gabinete feliz de realizar su trabajo y no como un condenado a una sesión semanal de vampirismo.

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La diferencia entre el caso de Sergio y el de Matilde es importante. Sergio captaba energías visiblemente sucias, energía que sus pacientes habían almacenado involuntariamente y después irían a limpiar, sin saberlo, a lo de su psicoanalista preferido.

Aquél ignoraba cómo sus pacientes, después de largas sesiones en las que los escuchaba, creaban, aún en contra de la voluntad de los protagonistas, un puente de comunicación en el cual uno aspiraba las energías que el otro abandonaba, aliviándose.

Matilde era una gentil secretaria que desde hacía 17 años ocupaba el mismo puesto en la misma pequeña oficina y usaba la misma máquina de escribir.

Representaba la puntualidad encarnada, la honestidad misma, pero, por razones desconocidas, nunca recibía una proposición de promoción ni reprimenda de ninguna especie que, por otra parte, un trabajo como el que ella hacía, naturalmente perfecto, no habría justificado.

En resumen: con sus anteojos y su moño de solterona vivía una vida tranquila y en paz, sin tener nada ni nadie a quien dirigir y teniendo por único trabajo el de pasar los datos de los documentos ubicados en la canasta de la derecha a los formularios que estaban a la izquierda y entregarlos después a su superiora, quien ocupaba el otro extremo del mismo escritorio.

El infierno entró en su oficina con una secretaria recomendada por uno de los tres clientes más importantes, secretaria que el director había debido aceptar con una cierta mueca, pero, que habia "acomodado" en sus servicios.

Para colmo, por una razón desconocida, esta secretaria decidió envidiar el puesto de Matilde y comenzó a utilizar todos los medios para empujarla a abandonar la empresa. Eso se llama «hacer la vida imposible».

La secretaria acomodada era demasiado hipócrita como para utilizar métodos directos, nunca una palabra en voz alta, ningún reproche ni crítica directa, sino sólo una mirada pesada y mala. Una mirada que hería el corazón sensible de Matilde, quien no podía comprender que podía envidiarle la joven, ni por qué ella se sentía cada día peor.

Matilde comenzó a tener náuseas en el trayecto que la conducía a su oficina. Cada mañana se despertaba más y más fatigada, y cada vez se volvía más estresada al dirigirse a su trabajo. La presión sobre el pecho parecía relajarse únicamente por la noche, cuando regresaba a su casa después de haber hecho los mandados.

Me fue enviada a tiempo, antes que su situación empeorara.

Le enseñé a Matilde la técnica del CINTURÓN DE NUDOS (PSYTECH 33).

De acuerdo con una metodología precisa que le indiqué, ella fabricó una cuerda de 7 nudos.

Selló cada nudo con LACRE.

Recibió la intrucción de llevar esta cuerda como un cinturón invisible, debajo de su vestimenta. No debía hablar de ello con nadie que no fuera uno de nosotros, sus profesores.

Desde el primer día, Matilde sintió que el odio de la joven fracasaba contra una pared invisible.

Recuperó su sereno bienestar, y la joven envidiosa ya no comprendía por qué su influencia no actuaba más sobre Matilde. Por el contrario; ella misma comenzó a sentirse cada vez más agitada y como arrojada fuera de esa oficina por manos invisibles, hasta el punto que su situación se tornaba desagradable.

Y, evidentemente, toda la energía negativa con la cual ella pretendía asfixiar a Matilde se le volvía en contra. Como acosada por picazones, se ausentó para ir a los lavabos, presa de vómitos.

Un día no fue a la oficina y, aliviado, el director se enteró que el cliente que le había recomendado se había excusado y lo había enviado a otra empresa.

¡Qué mala suerte para el próximo director que debería recibirlo!

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En la vida de un especialista en energía llega un momento en el que es necesario tomar una grave decisión.

A veces, recibimos a individuos con ideas «magníficas», que parecen llenos de amor y voluntad para ayudar a la especie humana. Hurgando en las motivaciones secretas tal como debemos hacerlo antes de comunicar ciertas técnicas, descubrimos que bajo la apariencia de servicio a la humanidad, se oculta un deseo de comprar la amistad de las personas para compensar el efecto que no encuentran en sus pacientes. Más desdeñables, y dignas de la mentalidad de buitres, son las motivaciones que utilizan la simpatía y la piedad humanas (como la ayuda a los niños leucémicos)

con el fin de llenar sus cuentas bancarias antes de partir huyendo al extranjero (¿no son muchos los falsos místicos que caen por la falta del mismo pecado que reprochan a sus fieles?). Un ejemplo reciente es la demostración de esto.

Cuando entró aquel joven delicado y de mirada un poco excitada, yo me inquieté. Comenzó a explicar que dirigía a un grupo de amigos y que, bajo su impulso, deseaban hacer algo importante por la humanidad. Él no quería vivir como sus padres, siguiendo una carrera profesional y empapados en el egoísmo de pareja, de familia y de barrio. Estaban listos para partir en guerra contra molinos de viento, jóvenes Quijotes cuyas flores idealistas de la adolescencia no se habían todavía marchitado.

Reflexioné durante mucho tiempo. Hice pasar a mi joven visitante por diferentes test de proyección inconciente. Lo invité a venir por segunda vez a mi consultorio, después de haberme preparado un programa explicando cuál sería su plan de acción para ayudar al mundo sufriente.

Durante la segunda visita, me tranquilicé bastante. Su puntualidad, su escritura, la presentación y el tono de su programa, la lógica de los argumentos y la correcta evaluación de los gastos, me hicieron admitir que no había en él motivaciones malsanas ni fanatismo.

No iba a darle medios de poder esclavizante a un futuro jefe de secta, sino a un individuo honesto cuya ambición personal se borraba ante el interés colectivo.

Ese joven hubiese sido un perfecto Monje Templario del siglo trece, pero nunca habría soportado el sacerdocio tal como la iglesia de Roma lo quiere.

Le enseñé una sola técnica de PSYTECH, APERTURA DE PUERTAS, con todas las advertencias adecuadas sobre la ética necesaria en su utilización, con el fin de hacerle comprender cuál era el peso de su responsabilidad.

Cada día, en un horario preciso, se sentaba en una silla orientada al norte. Visualizaba profundamente la creación de un grupo de acción social, la afluencia de medios y a los voluntarios para inscribirse y trabajar en una acción común.

Abría las puertas de otra dimensión, en la que circula un cierto tipo de energía y cada día lanzaba su mensaje.

Pasó un año difícil, durante el cual nada progresó visiblemente, y es gracias a su tenacidad y a su honesta moral y suya, que las energías permitieron que todo se desbloqueara.

La fundación se constituyó porque un conocido abogado decidió aportar su participación benévolamente.

Mi joven visitante rechazó la presidencia y cualquier otro título honorífico, pero no pudo evitar ser elegido secretario general.

Espontáneamente, sus amigos, y ahora miembros de la asociación, lo recocieron como al guía fundador, guardián de la ética y de la orientación moral del grupo.

Una persona anciana se integró y puso una casa grande a disposición de estos jóvenes.

Dones en especies comenzaron a afluir y el joven secretario impuso una contabilidad perfectamente transparente en la que cada miembro de la oficina podía verificar semanalmente el estado de las cuentas.

La fundación fué reconocida como de utilidad pública y comenzó un programa de asistencia alimentaria en los medios más desfavorecidos de una ciudad de Francia.

Las colectas se multiplicaron y los supermercados, para figurar en una lista de honor, se sentían obligados a colaborar mediante donaciones importantes.

Hasta hoy el movimiento no ha atraído a millares de personas, pero sí a muchos centenares. El ejemplo ha servido para despertar la consciencia de la población. Es tan fácil ignorar que muchas tienen hambre. Y cuando se agrupan para ir a confrontarse con una sopa caliente o con un poco de carne, es la vergüenza de la sociedad la que se hace evidente y se destaca sobre cada uno de ellos.

Mi joven alumno continúa con su movimiento, y de acuerdo con lo que me ha dicho por teléfono, hace practicar a un grupo de personas bien elegidas la técnica que le enseñé.

Si sus motivaciones originales hubiesen sido neuróticas en lugar de ser espirituales, él no habría podido ser tan constante en su esfuerzo, tampoco ser feliz ganando un salario tan pequeño, que jamás hubiera llegado a fin de mes, de no haber sido por compartir la comida de los pobres.

Me sentí en paz conmigo mismo por haber capacitado a un joven monje templario que ignoraba serlo y reconocí que es esencial para sentirse feliz en la vida, descubrir cuál es su misión espiritual, su vocación y su profesión. De no poder alinear estos tres aspectos de nuestra vida espiritual, mental y corporal, nunca encontramos nuestro verdadero lugar, nunca nos sentimos la persona exacta, haciendo lo que conviene de la manera adecuada en el tiempo que corresponde. Deduje que ese era el primer escalón del templo de la paz interior. Dediqué muchos años para estudiar este tema al beneficio de mis pacientes y lectores.

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Ella era campeona de tenis. «Imbatible en el entrenamiento», decían sus entrenadores, y «jugando con la mitad de su capacidad cuando competía». «Si alguien llegaba en ayudarla a controlar sus emociones, pasaría a ocupar un lugar notable en la clasificación mundial».

No diré su nombre, ya que usted podría reconocerla. Lo había intentado todo; la hipnosis la ayudaba pero su efecto desaparecía en menos de una semana. La autosugestión era una broma.

El farmacéutico Emile Coue, su inventor, se habría sentido ofendido de ver el irrisorio resultado. Fueron sucediéndose todos los farsantes habituales, cuyas pretensiones y delirios son tanto más elevados cuanto más ineficaces son sus técnicas.

Cuando un brujo conocido en el mercado de París comenzó a practicar una especie de chantaje publicitario... los padres de la joven decidieron que la copa se había llenado demasiado y que se iba a desbordar. Prohibieron todas esas manipulaciones.

Fue durante una conferencia en la radio que ellos se enteraron de la existencia de mi consultorio y decidieron tomar contacto conmigo sin precisar de quién se trataba.

Explicado el problema, parecieron tranquilizarse por el hecho de que mi trabajo e intervención se limitaba a dar una asesoría sobre técnicas, pero que, si su hija no practicaba según mis intrucciones, sería la única responsable de su fracaso, etcétera....

Reconocí a la joven desde que entró en mi oficina; ya la prensa la había fotografiado mucho en Francia.

Parecía tímida, o desalentada.

Empleé un lenguaje muy simple, a través del cual ella comprendió que no estaría ligada a mí por ninguna relación de dependencia, que mi papel sería el de transmitirle unas técnicas y aconsejarla

Aprendió la técnica de purificación emocional EL LAGO - 19, y el mudra del EQUILIBRIO - 17, que debía practicar antes de ingresar en la cancha de tenis. Al término de cada competencia, debía practicar la TÉCNICA DE RECARGA POR LOS PULGARES - 18.

Es una técnica que ella podía encadenar directamente con la purificación emocional y por la cual ella aspiraba energía por esas antenas esenciales para la circulación energética que son los pulgares. Cuando la emoción se reprime, el estrés parece concentrarse bajo la forma de nubes particularmente a nivel del diafragma. Una técnica de purificación conectándose con la respiración y la visualización se hace entonces indispensable; la recarga energética de los pulgares permite en menos de veinte minutos, gracias a una visualización adecuada, almacenar más energía que durante una jornada.

Al comienzo de la práctica, mi campeona no progresó nada. Volvió a verme muchas veces, esperando que dijera, «si, me he equivocado».

¿Me equivocaba algunas veces?. No con las técnicas, que conocía desde hacía muchos años y que practicaba y experimentaba regularmente, sino a veces por sobreestimar la voluntad de mi alumno. Me ocurría de vez en cuando que indicaba una técnica que exigía a un individuo mucho trabajo y mucha regularidad... pero era más facil para ciertos de ellos de convencerse de que no tenían voluntad suficiente.

Cuando me daban (y se daban) la oportunidad de escuchar que la voluntad es la Kundalini, más el desarrollo del tercer ojo- es decir, dos técnicas de Psytech-, eran salvados.

Algunos buscaban la «poción y la varita mágica» cuando les proponía, en realidad, el uso de la voluntad y un poco de esfuerzo.

Los fracasos existen (solamente aquellos que no hacen nada no fracasan, dice el refrán de no sé qué país), pero siempre porque el alumno no ha respetado alguno de los elementos de las instrucciones de trabajo o porque yo sobreestimé su verdadera voluntad de triunfar.

Esta constatación me obligó años más tarde en desarrollar muchos medios de acción a distancia basados sobre la radiónica, la psicotrónica, el trabajo por sustitución de chakras, la canalización de energías de la naturaleza empleando la fuerza de lugares de alto potencial energético, la magia de la naturaleza... etc...

Para regresar a mi campeona de tenis: después de haber registrado el resultado de otros alumnos que tenían el mismo problema que ella en el campo profesional (y que lo habían resuelto mediante las mismas técnicas), ella comenzó a practicar regularmente. El estilo de su tenis no ha cambiado en nada, pero poco a poco su rendimiento aumentó en la competencia.

Ahora se la ve regularmente en Roland Garros, Wimbledon y otros certámenes.

Pienso que ella no tiene más necesidad de estas técnicas, ya que se han creado reflejos condicionados de «rechazo del estrés» y una importante «confianza en ella», debida a sus éxitos reiterados.

Aprovecho para hacer notar al lector una constatación esencial para el futuro: estos ejercicios de PSYTECH, como todos los ejercicios que mueven energías, se automatizan en el ser humano, tal como los aprendizajes intelectuales, las neurosis y los comportamientos en general. Existe un momento donde la automatización es tan poderosa, que el ejercicio... se hace solo, de por sí, debajo del nivel de conciencia del alumno. Recomiendo leer el libro COMO APRENDER A APRENDER al respecto.

Le agradezco algo más a mi alumna... el que nunca me haya invitado a jugar un partido, pues el máximo esfuerzo deportivo que me autorizo, es el de levantar las piezas en el juego de ajedrez... y eso me parece más que suficiente.

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La persona que acababa de ingresar en mi oficina era un creador de la alta costura francesa.

Estaba encantado de estar con el hombre cuyos diseños de vestidos femeninos habían hecho soñar tanto a las mujeres del mundo entero.

No tenía la pretensión de star internacional ni la arrogancia del empresario de éxito. Estaba todavía más encantado de conocer a un hombre que se interrogaba sin cesar

sobre él mismo, sobre lo mental, el mundo cósmico y otras dimensiones. Tuvimos una prolongada y agradable conversación en el curso de la cual no sé quién, verdaderamente, trataba de evaluar al otro.

Al término de esa conversación, dándonos cuenta de que estábamos a sólo diez minutos de mi entrevista siguiente, ese gran creador me confesó su problema.

La fuente se agotaba. La fuente de su creación parecía ser decidida a no funcionar más. Observaba la producción de todos los jóvenes costureros franceses y extranjeros. Tenía inclusive la impresión de que comenzaba a imitar a los más originales y antes de transformarse en un plagista estaba dispuesto a renunciar.

Solicitó mi ayuda, ya que suponía que creación y energía tenían padres en común.

Le indiqué una técnica tan simple que me confesó que no creía que eso pudiera funcionar.

Un hombre de su nivel intenta buscar lo complicado, lo industrializado y lo difícil para convencerse de que algo va a ser útil.

Yo recordé, los vestidos de Chanel, ¿no eran muy simples?

Enmudeció y aceptó intentar la experiencia durante una semana.

Mi artista de la moda debía practicar la experiencia PSYTECH - MANTRAM 20, es decir, repetir una palabra elegida durante un tiempo no determinado, e inmediatamente después ponerse a diseñar.

Cada noche debía dormirse utilizando la técnica HYPNAGÓGICA - 25; verse a él mismo dibujando líneas, modelos fabulosos, vestidos magníficos y dormirse con esa visión.

Desde la tercera sesión de trabajo su cerebro reabrió la fuente de creatividad y nuestro hombre pareció rejuvenecer veinte años. Sus clientas también, cuando compraron los últimos modelos que acababa de crear...

La experiencia que voy a contar ahora es triste, pero contarla me lo debo a mí mismo, esperando que sirva de ejemplo a todos aquellos que creen sufrir. Un verdadero milagro de amor y de voluntad iba a producirse en un muchacho de 15 años, y seríamos dos (él y yo) los que sabíamos que él estaría en el origen de todo.

Cerca de París existía una villa miseria donde las personas que habían fracasado tenían como último derecho el vivir en unas cuantas casitas de cartón y de chapas oxidadas.

Los niños iban a jugar sobre un montón de basura cercano, arriesgándose a contraer alguna enfermedad. Ninguna de las viviendas tenía agua corriente y el único problema de cada día era «comer».

Una niña de trenzas sucias le leía un fragmento de un viejo libro a un niño sentado sobre una caja vieja. Yo me había perdido viajando en uno de los colectivos de París y esos niños eran los únicos a quienes yo podía preguntar la manera de retomar mi camino.

Me dirigí al adolescente, quien con una gran sonrisa me aconsejó tomar el colectivo 27 hasta un determinado suburbio y continuar después en subterráneo hasta el centro de París.

Introduje la mano en mi bolsillo y tendí al muchachito un billete. No hizo ningún movimiento para tomarlo. Haciéndome un gesto con la cabeza la niña me dijo: «No, él preferiría más bien que usted le ofrezca un libro para que yo le lea».

Sonriendo, le pregunté al chico por qué debía ella leerle, «¿no sabes leer?».

«Sí señor, sé leer, sólo que desde hace un año estoy ciego». Nunca había yo enrojecido tanto.

La niña me explicó que su hermano había tenido una infección en los ojos durante mucho tiempo y que su familia no podía comprar los medicamentos que le había indicado el médico. Entonces, poco a poco, él había ido quedando ciego.

Le pregunté al chico si tenía posibilidades de volver a ver algún día... y me respondió...:

«Si, pero si es para ver esta miseria en la que vivimos, prefiero seguir siendo ciego». Pronunció esa frase sin amargura ni agresividad. Como un pensamiento de adulto en boca de un niño ciego.

No sabía yo cómo reparar el error, del cual todavía me ruborizaba. Advertí que acababa de toparme con una de las sucias caras ocultas de la sociedad y me sentía impotente...

Se me ocurrió una idea. Le pregunté al chico: «¿Crees en el poder de la voluntad?». «Sí», me respondió, medio sorprendido. «¿Quieres ayudar a tus padres a cambiar de situación y estás dispuesto a hacer el esfuerzo necesario?» ¡Qué compromiso terrible estaba tomando, qué responsabilidad moral me estaba poniendo sobre los hombros, pero, ¿no era acaso ése mi trabajo...? Siempre he creído que entre no hacer nada o intentar algo, intentar es siempre el mejor camino. Esta vez se trataba de una situación terrible, en la que yo reclamaba la voluntad de un niño para cambiar a la sociedad o, al menos, una pequeña sociedad: la de su familia. Confieso que esa lucha desproporcionada me impidió dormir durante varias noches. El niño me escuchaba con el rostro lleno de interrogación.

Le pedí a la hermanita que se fuera a jugar unos metros más allá para así poder hablar con su hermano.

Hablé más de una hora, sentado sobre un viejo tanque de nafta.

Le enseñé al niño palabras que le hice repetir y movimientos difíciles, para los cuales yo guiaba sus manos. Le enseñé a utilizar sus recuerdos visuales para recrear la imagen de su padre, trabajando feliz. De su madre, mejor vestida, de una casa agradable con un verdadero techo y de su hermana estudiando. Le enseñé a respirar de una determinada manera, explicándole que, en su casa, cuando todo el mundo durmiera, él debería levantarse y gracias a unas marcas que él debería ir tomando tales como el bidón que servía de mesa, o las bolsas de plástico llenas de hojas secas que reemplazaban a los colchones, tendrían que ser capaz de orientarse perfectamente hacia el este, luego al sur y los demás puntos cardinales. Como todo debería suceder durante la noche, le dije, con la garganta un poco apretada, que no le molestaría hacerlo sin luz.

El adolescente era inteligente, retuvo todas las técnicas que le enseñé y se comprometió a no hablar con nadie de lo que haría y a practicarlas todas las noches hasta que el sueño lo obligara a ir a acostarse.

Cuando fui, él estaba feliz de que alguien le hubiese hablado como a un adulto. Su hermana vino a decirme adiós tendiéndome una manecita muy sucia, que apreté de todo corazón.

Llegando a mi casa, tomé otra decisión difícil. Decidí no hacer nada por agregar la energía de mi concentración a la del niño. Él iba a aprender un combate silencioso en el que debía descubrir por él mismo su propia voluntad, su propio valor. Si yo le volvía ese trabajo más fácil, él tendría una falsa percepción de su propia capacidad y no habríamos alcanzado más que la mitad del objetivo.

De tanto en tanto iba los domingos para llevar algunos paquetes de harina o de azúcar para el muchacho y su familia.

Él me contaba sus experiencias, cómo tenía dificultades para visualizar, cómo sentía la energía que lo recorría y cómo advertía la fuerza la insuficiencia de su concentración.

Un domingo fui y no lo encontré.

Pregunté a los vecinos y, un poco envidiosos, me dijeron que toda la familia se había mudado ya que el padre había encontrado un trabajo en una gran empresa que disponía de viviendas para sus obreros. Me dieron la dirección..., ya que el chico había dicho que seguramente yo iría.

Contento, fui el domingo siguiente a esa dirección, a una casa con techo y agua corriente, ¡por fin!.

Le pedí al chico que continuara con su trabajo de energía durante muchos meses más todavía.

La madre encontró un empleo de portera en un barrio rico y el chico la acompañaba y permanecía en la portería. Una anciana de muchos recursos económicos que hacía más de 50 años vivía en ese inmueble le cobró afecto a mi joven alumno y comenzó a recibirlo en su departamento para que le hiciera compañía.

Descubriendo que al chico le gustaba escuchar música, le hizo tomar regularmente un curso de piano en su departamento. Un profesor, ciego también, iba tres veces por semana; la anciana también estaba presente, aportando chocolate y bizcochos para colaborar con el profesor y su alumno.

El niño ciego aprendía rápidamente y con toda su voluntad profundizaba el estudio del piano.

Su pesar consistía en no poder ver el rostro de esa anciana tan buena como él.

La anciana murió y él fue el único que lloró en el cementerio. No fue ningún pariente, ya que ella había pasado su vida tan solitaria como en una isla desierta, sin vecinos ni amigos que la quisieran, sin parientes; rica, pero sola con sus gatos.

Un imponente hombre de leyes llegó una mañana en un gran automóvil sombrío a visitar a los padres en la pequeña ciudad obrera en la que vivían. Los padres, impresionados, y confundiendo a escribanos con policías, cuando comenzaban a hablar de documentos, tuvieron cierta dificultad para comprender que su hijo acababa de heredar una suma mensual que percibía como pensión hasta que terminara sus estudios en la universidad, y de la cual cobraría el capital una vez obtenido el diploma. En caso contrario, en lugar de cobrar el capital continuaría de por vida recibiendo una suma que, teniendo en cuenta la pobreza de esa gente, era magnífica.

En momentos en que escribo estas líneas, el adolescente que fue mi alumno durante una sola lección, continúa estudiando en la universidad. El recordará siempre los años de pobreza y tratará de economizar para que nunca le falte dinero y permitir a sus padres envejecer en paz.

Yo le deseo un gran éxito en sus estudios y estoy listo para tomar un avión y asistir a su casamiento, cuando se case con la joven discapacitada cuyo rostro nunca ha visto, pero que él ama y cuya tierna voz él me describe. Recibo sus cartas escritas a máquina, aquella vieja máquina de escribir mecánica que le dejé antes de salir de Francia, y soy feliz...

LA KUNDALINI
-------EXPERIENCIA 6-------

Nombre de esta técnica:

PSYTECH FUEGO KUNDALINI.
Objetivo:

Despertar una energía básica del ser humano; energía producida por un pequeño transformador ubicado en el coxis, llamado en Oriente: "la Kundalini".
Sus efectos serán determinantes para quien decida aumentar: la intensidad de su conciencia, su energía general, su dinamismo y vitalidad, así como la resistencia de su terreno biológico. Aumentar la resistencia del «terreno biológico» equivale a ubicarse en una medicina preventiva: si logramos tener un cuerpo dotado de un perfecto equilibrio energético, lograremos resistir todas las infecciones posibles.


Aparatos comparativos:
instalar una central atómica en la columna vertebral
Medios a utilizar:
movimientos, respiración, visualización.


Metodología Cronológica

PRIMER MOVIMIENTO

PASO 1
Acostado boca arriba; manos separadas, extendidas, unidas a través de los pulgares.

PASO 2
Levantar las manos juntas, brazos extendidos hasta alcanzar la vertical del cuello. Únicamente y a partir de este momento: levantar la cabeza sin levantar el busto.

PASO 3
Colocar las manos juntas sobre la zona genital.

PASO 4
Sin levantar los talones del suelo, hacer subir el busto, mientras que las manos separadas, se deslizan sobre las piernas.

PASO 5
Cada mano toma el tobillo correspondiente a su lado. El mentón se yergue lo más elevado posible, como si se intentara mirar hacia arriba; en tanto los párpados permanecen cerrados.

PASO 6
Comienza el momento esencial de esta técnica.
Inspirar profundamente y bloquear la respiración. Visualizar que una columna de fuego nace en el coxis y sube dentro de la columna vertebral hasta el centro del cráneo.
Mantener esta visualización el tiempo más largo posible.

PASO 7
Respirar de nuevo y empezar un movimiento inverso al precedente: es decir deslizar las manos desde los tobillos hasta la zona genital (donde se juntan como al inicio del ejercicio), mientras que baja el busto lentamente en dirección del suelo (manteniendo la cabeza erguida).

PASO 8
El busto (y no la cabeza) se pone sobre el suelo.
Se hacen subir las manos (brazos rectos) hasta la vertical del cuello.

PASO 9
Se pone la cabeza sobre el suelo, mientras que los brazos vuelven a la posición inicial.

FIN DEL PRIMER MOVIMIENTO
DEBEREMOS REPETIRLO
3, 5 o 7 veces, ni más, ni menos.

 

SEGUNDO MOVIMIENTO

PASO 1
Acostado boca abajo. Manos y antebrazos apoyados sobre el suelo, al igual que la frente. Pies juntos.

PASO 2
Poner el mentón sobre el suelo.

PASO 3
Levantar la cabeza y el busto (pero no la pelvis) del suelo, utilizando solamente la fuerza de los antebrazos.

PASO 4
Poner la cabeza lo más atrás posible, el mentón erguido hacia adelante.

PASO 5
Comienza el momento esencial de esta técnica.
Inspirar profundamente y luego bloquear la respiración.
Visualizar que una columna de fuego nace en el coxis y sube dentro de la columna vertebral hasta el centro del cráneo.
Visualizar el tiempo más largo posible.


PASO 6
Respirar de nuevo.
Muy lentamente hacer bajar todo el busto hasta apoyar el mentón sobre el suelo.
PASO 7
Apoyar la frente sobre el suelo, también los antebrazos y codos; regresando a la posición inicial.

FIN DEL SEGUNDO MOVIMIENTO
DEBEREMOS REPETIRLO
3, 5 o 7 veces, ni más, ni menos; pero la misma cantidad de veces que lo fue el primer movimiento.

TERCER MOVIMIENTO

PASO 1
Acostado boca arriba.
Brazos paralelos al cuerpo.

PASO 2
Levantar simultáneamente el busto y las piernas haciendo
tomar a nuestro cuerpo la posición de un arco de
cazador, utilizando el coxis como centro de gravedad.
Los brazos extendidos hacia los pies, quedando éstos
paralelos al suelo.

PASO 3
Comienza el momento esencial.
Inspirar profundamente para luego bloquear la respiración.
Visualizar que una columna de fuego nace en el coxis
y sube dentro de la columna vertebral hasta alcanzar el
centro del cráneo.
Visualizar el tiempo más largo posible, mientras que
se mantiene esta posición de equilibrio, en tanto que se
pueda.

PASO 5
Volver simultáneamente brazos y piernas sobre el suelo,
con mucha lentitud. Y respirar.

FIN DEL TERCER MOVIMIENTO
DEBEREMOS REPETIRLO LA MISMA CANTIDAD DE
VECES QUE LOS DOS MOVIMIENTOS ANTERIORES.

 

COMENTARIOS PARTICULARES

1. Esta técnica no debe ser practicada por quien tiene problemas de columna vertebral o del corazón.

2. es imperativo no bañarse ni ducharse por un plazo de 30 minutos después de practicar esta técnica. No hay inconvenientes en hacerlo antes de esta práctica.

3. usualmente esta técnica se practica principalmente en dos oportunidades:

-por la mañana o por la tarde, cuando es una disciplina regular elegida por el alumno, en vista de un desarrollo personal.

No se debe practicar antes de acostarse para dormir (existiría una contradicción entre su efecto altamente dinamizante y la relajación del sueño).

-practicar en toda ocasión en la que se siente una gran fatiga, y existe la necesidad de continuar la actividad diaria.

4. en los primeros días de su ejercicio, estas técnicas pueden provocar algunos inconvenientes fisiológicos (tales como: obligación de orinar repetidas veces, agitación nocturna, ansiedad, palpitaciones, etc...)

Por este motivo es aconsejado efectuar 3 repeticiones el primer día, 5 el segundo y 7 el tercero. Luego decidir la cantidad de repeticiones que le parecen ideal.

5. cuando se practica diariamente este ejercicio, el nivel energético general asciende, la actividad mental se acrecienta y la resistencia del terreno biológico aumenta. Luego, cuando nos hemos acostumbrado a este nuevo nivel energético, ocurrirá que olvidaremos su origen.

Llegará un día muy cargado en tareas y obligaciones diversas y omitiremos hacer el ejercicio de la "Kundalini". Seguirán muy probablemente un segundo y tercer día sin práctica; encontrándonos desde luego muy cansados... preguntándonos qué pudo habernos ocurrido...

Y descubriremos así, que este estado de cansancio NO ES REAL, y representa el estado normal en el cual nos encontrábamos antes de


aprender y practicar diariamente la "Kundalini".

En verdad este cansancio no existía; sólo vivimos el regreso a nuestro estado inicial, anterior al comienzo de este entrenamiento.

Tomamos conciencia de que sin ejercicio energético, vivimos con un potencial muy inferior.

Esta sensación de cansancio desaparecerá, ya sea que permanezcamos unos días más sin práctica de la "Kundalini" (entonces nos reacostumbraremos al antiguo potencial), o que volvamos a practicarla.

6. el éxito de esta técnica depende:

*de su lenta ejecución (cada movimiento debe efectuarse en un plazo mínimo de 30 segundos y máximo de 1 minuto).

*de la capacidad de visualización en el "momento fuerte" (respiración bloqueada, más visualización).

Es mejor no practicarlo si se lo considera como un ejercicio gimnástico.

7. gracias a una alta cantidad de repeticiones, debemos alcanzar una perfecta automatización de todos los movimientos. Probaremos este estado de "no-participación-de-la-voluntad" en estos movimientos, con la posibilidad de poder hablar mientras que nuestros cuerpos parecerán poder moverse por sí mismos.

Alcanzado este estado, nos obligaremos a visualizar la columna de fuego lo más fuertemente posible y la mayor precisión, sin detener en ningún momento esta concentración.

Este esfuerzo dará a la "Kundalini", las máximas oportunidades de manifestarse y de permitirnos aprovecharnos de su potente energía.

Al alcanzar este nivel, la "Kundalini" tomará su real dimensión. Elevaremos nuestra comprensión del fenómeno, y lo consideraremos con mucho respeto.

8. si Ud. tiene la mínima preocupación respecto a los riesgos articulares que pudiera presentar esta técnica para su columna vertebral, le aconsejamos consultar a su médico o a un kinesiólogo. No arriesgarse a practicarlo en caso de malformaciones vertebrales o de enfermedades declaradas al nivel de la columna vertebral. Existen técnicas de sustitución tales como PSYTECH. 7